La otra vida de las flores
18/01/2009
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Carmen González, artista de la sexta generación de AlNorte, presenta en el Barjola 'La espera', la instalación escultórica fruto de la beca del museo que ganó este año
Jarrones con piernas y cerebros de flores. Estos son los elementos con los que Carmen González habla en el Museo Barjola de la espera. El primero permite a las lozas blancas cruzar extremidades en síntoma de demora, levantarlas al viento como signo de la emoción que puede llegar o dejarlas descansando en paralelo, rodilla con rodilla, haciendo señas sobre el que aguarda sencillamente en actitud de parada. La segunda marca, la que lleva pétalos a la cabeza de las jarras, afronta el discurso de la artista, doctora de Estética y Teoría de las Artes, poniendo el verdadero reloj de la espera en práctica orgánica, pues las flores, ayer recién cortadas, frescas como el primer minuto de expectación, irán sufriendo el paso de los días. Acabarán marchitadas, «como la propia esperanza que se acumula, ya que la espera se acaba convirtiendo en ansiedad, angustia, desasosiego y, finalmente, desesperanza», dice la creadora que nació en Salamanca en 1973 y con esta colección responde a la beca del Barjola de este año, que le ha permitido producir y exhibir este proyecto titulado, precisamente, 'La espera'.
Compone Carmen González sus seres, inertes de cuello para abajo y animados en la cabeza por la vida de las plantas, sobre un escenario casi decadente, que quiere ser barroco, «como el edificio que lo alberga», porque la relación con el entorno es una de las cuestiones que más preocupa a esta creadora, que pertenece a la sexta generación de AlNorte, en la que participó con una exposición también, como ahora, en el Barjola, titulada 'La fragilidad de la medusa'.
Para entablar este nuevo diálogo con la arquitectura del museo, con su fachada barroca, empapela la joven artista su colección de figuras, y con ella la capilla de la Trinidad en la que están expuestas, de papel casi drapeado en negro. «Buscaba el contraste absoluto del fondo con las piezas blancas, con la intimidad a la que invita el papel oscuro, que, a la vez, convive bien con la estética histórica del equipamiento», explica. El mismo efecto persigue la iluminación, que quiere describir el espacio «como un ambiente de salón», algo recóndito y siempre personal y profundo. Como personal y profunda era la instalación de la Semana de Arte Contemporáneo de EL COMERCIO que la llevó el año pasado a la tercera planta del museo. «Si en algo se pueden parecer aquella y esta exposición es en su carácter formal. Entonces, como ahora, adapté la obra al espacio».
Pero lo cierto es que hay otro nexo de unión, su querencia por hablar de la experiencia vital, pues eso es, al fin, lo que ofrece su proyecto, «un recorrido por la ilusión de la espera, la angustia de la espera y, finalmente, la desesperación». Esos tres pasos son los que determinarán visiblemente la decadencia de las flores. «Ellas marcarán la diferencia de visitar la exposición hoy o hacerlo la semana que viene o dentro de un mes». 'La espera' estará en el Barjola hasta febrero.
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